El Documento de Portección Contra Explosiones (DPCE), cuyo principal objetivo es poner de manifiesto de forma clara los medios necesarios para evitar que se produzca una explosión, es una valiosa herramienta para validar la seguridad de las instalaciones y de las personas.

Para ello, se re­quiere que el DPCE esté correctamente estructurado y su contenido debidamente actualizado. Es importante destacar que el DPCE debe adaptarse a las condiciones operativas existentes que se presenten en cada caso. Como parte de la documentación preventiva de la empresa, debe cumplir los requisitos generales exigi­dos por la legislación preventiva en cuanto a su realización, elaboración, mantenimiento y revisión, consulta y participa­ción de los trabajadores,... Además de estar estructurado correctamente, debe resultar de fácil lectura y permitir una comprensión global. Por esta razón, debe redactarse en el idioma del usuario y el volumen de la documentación no debe ser excesivo. Puede ser aconsejable configurarlo de manera flexible para poder ampliarlo si hiciera falta, p.ej. en forma de colección de fichas sueltas, especialmente en el caso de instalaciones de gran tamaño o con modificaciones técnicas frecuentes.

A modo de propuesta, el DPCE puede comenzar des­cribiendo brevemente las principales características del lu­gar de trabajo, los procesos implicados y las sustancias o productos presentes; continuar con la presentación de los resultados de la evaluación de riesgos, incluida la clasificación en zonas de las áreas en las que puedan formarse atmósferas explosivas, y listado de las medidas preventivas propuestas y, por último, exponer, de forma resumida, la forma en que se llevarán a cabo la planificación, realización y coordinación de las medidas de prevención y protección contra explosiones, con el fin de garantizar la seguridad y salud de los trabajadores.

Debido a su importancia y trascendencia, en la redac­ción del DPCE, deberían participar todas las personas involucradas en la seguridad de la empresa, tanto a nivel interno como externo, puesto que el logro de los objetivos queda condicionado a la participación y compromiso de todo el personal involucrado. Todo ello siempre en torno al empresario, que es quien tiene la obligación específica de garantizar su elaboración y es quien asume el compromiso y responsabilidad del documento. La rigurosidad en la elaboración del DPCE es de tal importancia en lo referente a profesionalidad y objetividad, que irregularidades en este sentido, por defecto, pueden comprometer la seguridad de las personas e instalaciones, y por exceso a la viabilidad de la empresa, en algunos casos, al requerir importantes inversiones económicas.

REAL DECRETO 681/2003, de 12 de junio, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores expuestos a los riesgos derivados de atmósferas explosivas en el lugar de trabajo. BOE núm. 14